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Los presidentes Donald Trump y Vladimir Putin mantuvieron este lunes una conversación telefónica de aproximadamente una hora, la primera desde fines de diciembre de 2025, para abordar el conflicto armado en curso contra Irán, las negociaciones estancadas sobre Ucrania y la situación en Venezuela en el marco de un mercado petrolero sacudido por el cierre del Estrecho de Ormuz. El Kremlin describió el intercambio como “franco, constructivo y profesional”, mientras Trump lo calificó ante periodistas de “muy buena conversación” desde su club de golf en Doral, Florida.
La llamada se produjo en un momento de máxima tensión internacional. El precio del crudo Brent alcanzó los 120 dólares por barril este lunes por la mañana, antes de moderar sus ganancias hasta los 103 dólares, acumulando una subida superior al 40% desde el 27 de febrero, víspera del inicio de la ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán. Trump sostuvo que la guerra terminaría abaratando el petróleo a largo plazo y aseguró que el Estrecho de Ormuz “seguirá siendo seguro”.
Según el asesor de política exterior del Kremlin, Yuri Ushakov, Putin presentó a Trump “varias variantes encaminadas a un rápido arreglo político-diplomático del conflicto iraní”, propuestas que, según el funcionario, son fruto de los contactos sostenidos durante la semana previa con el presidente iraní Masoud Pezeshkian y con dirigentes de países del Golfo Pérsico. Trump, por su parte, ofreció su propia evaluación de los acontecimientos en el contexto de la operación estadounidense-israelí en curso. Irán, mientras tanto, descartó este lunes cualquier posibilidad de negociación mientras continúen los ataques: el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Esmaeil Baghaei, afirmó que “mientras continúe la agresión militar, hay poco espacio para hablar de cualquier cosa que no sea una respuesta decisiva”.
La cuestión ucraniana ocupó también un lugar central en el diálogo. Según Ushakov, Putin informó a Trump de lo que ocurre en la línea de combate, donde las tropas rusas avanzan en el este de Ucrania, y presentó ese avance como un factor que “debería impulsar al régimen de Kiev a emprender, por fin, el camino hacia la resolución negociada del conflicto”. Trump, visiblemente frustrado con la lentitud del proceso, dijo a periodistas que entre Putin y el presidente ucraniano Volodimir Zelensky “existe un enorme odio” y reconoció que ambos “no se ponen de acuerdo”. Añadió que cuando Putin expresó su disposición a ser “útil” en Irán, él le replicó: “Podrías ser más útil poniendo fin a la guerra entre Ucrania y Rusia.”
Las negociaciones trilaterales entre Washington, Moscú y Kiev atraviesan su peor momento desde que se iniciaron en enero. Una cuarta ronda programada para la semana pasada se pospuso a causa del conflicto en Irán, y las partes no han indicado cuándo se reanudarán. Las tres rondas previas, celebradas en Abu Dabi y Ginebra con la mediación del enviado Steve Witkoff y de Jared Kushner, no produjeron avances concretos sobre el punto central de la disputa: el territorio. Rusia mantiene posiciones maximalistas mientras sus fuerzas siguen presionando en el frente del Donbás.
Los dos presidentes también trataron la situación en Venezuela en el contexto de los mercados mundiales del petróleo, en un momento en que Caracas ha retomado protagonismo diplomático con Washington tras el restablecimiento formal de relaciones bilaterales, anunciado a principios de marzo, y en que la producción venezolana adquiere relevancia adicional ante la interrupción de flujos energéticos desde el Golfo Pérsico.
La conversación representó el primer contacto entre ambos mandatarios en más de dos meses y, según Ushakov, Trump propuso que sus diálogos directos fueran “regulares”, a lo que Putin mostró disposición. En el fondo, el intercambio reveló la geometría de un orden internacional en reconfiguración.