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Cuba mira de nuevo al abismo al acabarse el crudo del petrolero ruso que eludió el bloqueo

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La Habana.- El breve alivio que supuso en Cuba el crudo del petrolero ruso que eludió el bloqueo de EE.UU. está llegando a su fin. Y, sin más envíos a la vista, la isla mira de nuevo al abismo de los apagones interminables que paralizan la vida y la economía.

Duró menos de un mes el respiro que llevó al país el buque Anatoli Kolodkin cuando atracó el 31 de marzo en el puerto de Matanzas (oeste) con 100.000 toneladas de crudo. Pero han sido unos días de cierto alivio para millones de cubanos exhaustos por la crisis energética.

Los datos de la estatal Unión Eléctrica (UNE) evidencian el cambio. Si en el primer trimestre el mayor apagón diario afectaba de forma simultanea a en torno el 60 % del país, en las últimas dos semanas los cortes máximos han oscilado principalmente entre el 35 y el 45 %.

Los cortes se han reducido de forma evidente en La Habana, donde se estaban superando las 15 horas diarias de interrupciones del suministro, pero no tanto en las provincias, donde se siguen denunciando apagones de 24 horas consecutivas o más.

El Gobierno cubano ha llamado la atención sobre la mejoría de estos días para achacar a EE.UU la responsabilidad principal en la profunda crisis que sufre el país.

La fotografía completa es, sin embargo, más compleja. La situación energética era crítica desde mediados de 2024 y los cortes registrados en noviembre y diciembre pasados -antes del bloqueo-, fueron similares a los de enero y febrero.

El freno a las importaciones impide el funcionamiento de los grandes generadores distribuidos por todo el país, responsables del 40 % de la producción eléctrica. Estos equipos precisan diésel y fueloil que Cuba sólo puede importar o refinar a partir de crudo importado.

Pero en Cuba también operan siete centrales termoeléctricas, a cargo de otro 40 % de la producción eléctrica y sostenidas por petróleo nacional. Sus frecuentes averías se explican por décadas de explotación con un déficit crónico de inversiones y no por la reciente decisión de EE.UU.

En todo caso, los 730.000 barriles del Kolodkin ya se agotan. Lo dijo recientemente el ministro de Energía y Minas, Vicente de la O, que puso el límite del espejismo energético a «finales de mes».

El titular de Energía y Minas también explicó que Cuba precisaría importar el crudo de ocho petroleros como el Kolodkin cada mes para satisfacer sus necesidades energéticas y condenó las presiones de Washington para tratar de forzar cambios económicos y políticos en la isla.

Segundo petrolero ruso

Recién había atracado el Kolodkin en Cuba, el ministro ruso de Energía, Serguéi Tsiviliov, avanzó que su país estaba preparando un segundo envío, aunque sin especificar detalles.

Según datos de plataformas de seguimientos de barcos, el petrolero ruso Universal podría ser ese segundo envío que Moscú ha caracterizado como ayuda humanitaria, tanto por el cargamento como por la dirección que ha seguido desde que zarpó en abril. Hasta hace unos días.

El Universal -sancionado por Estados Unidos y la Unión Europea- lleva una semana moviéndose de forma errática y a velocidad muy reducida por el Atlántico Norte, de forma similar a lo que hizo el Kolodkin en su ruta hasta Cuba. Esto retrasaría su llegada al menos hasta finales de mayo.

Cuba precisa unos 100.000 barriles diarios de petróleo, de los que unos 40.000 son de producción nacional (una cifra creciente en los últimos años). El resto debería provenir del exterior.

Hasta la captura del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, el pasado 3 de enero, el país suramericano había sido durante décadas el primer suministrador de Cuba, aunque los envíos habían disminuido gradualmente en los últimos años con el derrumbe de la producción, las sanciones estadounidenses y la crisis económica.

En este contexto, las perspectivas económicas para la isla son sombrías. El Economist Intelligence Unit estimó que el producto interno bruto (PIB) de la isla caería este año un 7,2 % y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) prevé una contracción de 6,5 %.

Esos descensos, que contemplan ya los efectos del bloqueo petrolero, se dan en un país que, por la crisis estructural que arrastra y otros factores -de la pandemia a las sanciones estadounidenses- ya se había contraído más de un 15 % entre 2020 y 2025.

La escasez de bienes básicos como alimentos y medicinas, el deterioro de los servicios públicos como la sanidad o el abasto de agua, la fuerte inflación, el derrumbe del peso cubano y la emigración, entre otros factores, han tensionado fuertemente la economía nacional y causado grandes daños en el tejido social. 

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